Apple el rey en ventas de smartphones

Seguramente el tener un android o mejor conocido como un teléfono inteligente es un lujo y se pensaría que no todos tienen uno de estos fabulosos aparatos sin embargo un estudio realizado por Gartner asegura que las ventas de teléfonos inteligentes se incrementaron un 47.3% durante el último trimestre del año pasado para alcanzar las 149 millones de unidades y este es liderado por una manzana mordida.

Después de anunciar el próximo lanzamiento de la nueva Ipad generación cuatro en las primeras semanas de marzo de este año Apple cierra el 2011 con fuerza ya que se convierte en el principal y máximo vendedor de telefonía inteligente a nivel mundial.
Apple es el tercer proveedor de celulares al usuario final, ya que vendió 35.4 millones de iPhones, siendo esto más del doble de los 16 millones del mismo periodo del 2010, con el sistema iOS de Apple que tuvo una participación del 23.8% durante este periodo, desde el 15.8% que registró un año atrás.
El sistema iOS de Apple tuvo una participación del 23.8% durante este periodo, desde el 15.8% que registró un año atrás.
La segunda plaza la ocupa Samsung, con 34 millones de dispositivos inteligentes, de acuerdo con un reporte de la firma de análisis Gartner.
Android, es el sistema operativo móvil de Google, el cual alcanzó una porción de mercado del 50.9% del total de smartphones, desde el 30.5% en 2010, al estar en 75.9 millones de los teléfonos inteligentes vendidos.

Pero los sistemas operativos de Nokia, Research In Motion y Microsoft tuvieron grandes descalabros en el último trimestre del 2011.
Symbian, de tener una cuota del 32.3% del mercado de smartphones, cayó al 11.7%; BlackBerry pasó del 14.6% al 8.8%; y Microsoft ostentó 1.9%, cuando un año antes su participación era del 3.4 por ciento.
El fuerte desempeño de Apple continuará en 2012 y se espera que sea mayor al poner a la venta el iPhone 4S; aun cuando los analistas esperan un decrecimiento en sus ventas respecto al anterior.
Escrito por:Andrea Neria
Twitter:@Andieluka
Fuente:Economista





