El acuerdo UE-Mercosur entra en su fase más crítica por resistencias internas
Internacional
La Comisión Europea apura las opciones para salvar el acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur, en un intento de última hora por desbloquear un pacto que acumula más de dos décadas de negociaciones. Tras aplazar la votación definitiva por las reservas de Italia y el rechazo frontal de Francia —alimentados por la presión del sector agrícola—, Bruselas trabaja en incentivos adicionales que permitan a Roma dar el respaldo político necesario.
Según fuentes comunitarias, sobre la mesa están nuevas subvenciones dirigidas a los agricultores europeos y un refuerzo del peso del sector agrario dentro del próximo marco financiero plurianual de la UE, actualmente en negociación. El objetivo es ofrecer a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, argumentos internos suficientes para justificar un cambio de posición.
El acuerdo con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay recibió un impulso decisivo en los últimos años por factores geopolíticos: el giro proteccionista de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump y la creciente dependencia europea de China han llevado a Bruselas a buscar socios comerciales alternativos considerados estratégicos. El pacto permitiría crear la mayor zona de libre comercio del mundo, con unos 720 millones de consumidores y más del 20% del PIB global.
“La Unión Europea ha perdido peso comercial en América Latina frente a China, mientras que Estados Unidos ha elevado la región a prioridad estratégica”, señala Judith Arnal, investigadora del Instituto Elcano. En ese contexto, añade, la UE necesita diversificar mercados, asegurar suministros y demostrar que aún es capaz de cerrar grandes acuerdos comerciales pese a sus divisiones internas.
Desde el punto de vista económico, el tratado facilitaría a las empresas europeas un mayor acceso a materias primas y abriría oportunidades para la industria, los servicios y la inversión, en una región donde la UE ya es el principal inversor extranjero. Además, establecería reglas preferenciales frente a competidores sin acuerdos bilaterales.
Sin embargo, el escenario sigue siendo frágil. Fuentes diplomáticas advierten de que el compromiso italiano aún no está garantizado y de que el acuerdo podría no alcanzar la mayoría necesaria —ponderada por población— en el Consejo de la UE. Con Polonia ya alineada en el rechazo, la aritmética se complica si otro gran Estado miembro se suma al bloqueo, pese al respaldo firme de Alemania y España.
“El Gobierno italiano está preparado para firmar en cuanto se atiendan las preocupaciones de los agricultores, que dependen de decisiones de la Comisión Europea y pueden resolverse con rapidez”, aseguró recientemente el entorno de Meloni.
Italia, de hecho, figura entre los países potencialmente más beneficiados. Sus exportaciones de maquinaria, equipos eléctricos y de transporte hacia Mercosur superan los 3.700 millones de euros anuales y soportan aranceles de hasta el 35%, que se reducirían de forma significativa. A ello se suman productos industriales —como acero, químicos y plásticos— por otros 2.400 millones de euros, que pasarían a arancel cero. Aun así, Roma se alineó con París tras la negativa explícita del Gobierno francés a avanzar en la votación.
La Comisión presidida por Ursula von der Leyen aspira a cerrar la firma antes de que termine enero, conforme al compromiso alcanzado con los países latinoamericanos tras el fallido intento de hace dos semanas. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, había previsto una ceremonia solemne durante la cumbre del Mercosur en Foz de Iguazú, que finalmente no se celebró. Lula ha sido uno de los principales impulsores del acuerdo y ha advertido de que, sin voluntad política, la negociación podría fracasar definitivamente.
Mientras tanto, Mercosur ha intensificado contactos con otros socios como Emiratos Árabes Unidos, Canadá e India. En Bruselas temen que un nuevo tropiezo europeo empuje a la región a estrechar aún más sus vínculos con China, especialmente en sectores ligados a materias primas estratégicas.
Según cálculos de la Comisión, la eliminación de aranceles permitiría a las empresas europeas ahorrar más de 4.000 millones de euros anuales en derechos de aduana, además de garantizar acceso preferencial a insumos críticos. Para responder a las críticas internas, el Ejecutivo comunitario ha incorporado cláusulas de salvaguarda reforzadas, controles fitosanitarios más estrictos y mecanismos automáticos que permitirían reimponer aranceles si las importaciones afectan de forma significativa a precios o producción local.
El Parlamento Europeo deberá pronunciarse en enero sobre estas nuevas salvaguardas, un paso clave para facilitar el aval italiano. No obstante, el acuerdo aún enfrenta un riesgo jurídico: alrededor de 150 eurodiputados, de distintos grupos políticos, han advertido que podrían recurrir al Tribunal de Justicia de la UE para evaluar su compatibilidad con los tratados fundacionales, un proceso que podría alargarse hasta dos años.
Un nuevo fracaso tendría un elevado coste político y económico para la Unión. “Se interpretaría como una derrota de la política comercial común frente a vetos nacionales y presiones internas, especialmente del sector agrícola”, advierte Arnal. Además, reforzaría en América Latina la percepción de una UE poco fiable, complicando futuras negociaciones con países del llamado Sur Global, que observan el acuerdo con Mercosur como una prueba de credibilidad europea.
Fuente: El País


